Post#8: Relato "1823" - Gabriel Velásquez

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1823
Relato por Gabriel Velásquez & Ramón Martínez

    Un dolor inefable recorrió todo su pecho. Ni siquiera negras blasfemias ocupaban sus pensamientos para consolarlo, después de que su pobre primogénito se despidiera de la vida con un leve susurro.         
    Segundos más tarde, la tortura para Josiah fue a peor, tras recibir la terrible noticia de la partera: — Harriet tampoco lo ha logrado — dijo con los ojos vidriosos, exhalando luego todo el cansancio que la labor de atender al parto le había causado.  
    Josiah era un hombre enérgico, de esbelto cuerpo, capaz de batallar contra el imponente sol en una jornada de trabajo extenuante. Sin embargo, tras asumir la certeza en las palabras de su comadre, sucumbió derrotado ante el suelo de su choza, sin fuerzas, abatido, y con su rostro muy pálido por la falta de oxigeno.
    Dos jóvenes, cerca de él, hicieron un intento por socorrerlo, pero el llanto desgarrador del hombre los mantuvo quietos en su sitio. Por ahora, era todo lo que podían hacer, esperar a que Josiah apaciguara su dolor de una vez por todas, para intentar tomar la justicia con sus manos.
    Habían pasado ya seis lunas desde que su hermana menor fue encontrada en uno de los establos, con sus prendas desgarradas y su dignidad pisoteada por un hombre al que debían llamar amo. Y ahora, ese mismo diablo había intentado complacer sus lujurias con la mujer de Josiah, a pesar de su avanzado estado de embarazo, llevándola hasta los dominios de la muerte. Aquello no podía quedar impune, al menos es lo que todos pensaban entre susurros y miradas.
    Sus compañeros mascullaban entre sí lo que haría a continuación. Acaso volvería a aceptar el veredicto de Charles, el padre del desalmado Jonas, o tomaría a cambio de su dolor, sin embargo, la vida del joven señor que tanta maldad acumulaba en su negro espíritu.
    Los minutos pasaron sofocantes para todos los presentes. Los más cercanos a Josiah iban y venían con la intención de darle consuelo, aunque era una misión imposible. Mientras tanto, más allá de las chozas asignadas para los siervos, Charles le daba claras instrucciones a su hijo: — Vete a Luisiana, dirige nuestras empresas de allí y no vuelvas hasta que yo te lo indique. No te preocupes por nada, que de la justicia y de estos negros me encargo yo, como siempre he hecho.
    Tras escuchar las imperativas palabras de su padre, Jonas tomó su pequeña maleta y la pistola que le había regalado su progenitor; un modelo para caballería de las campañas napoleónicas, adquirida por mucho dinero en una subasta.
    Se despidió con prisas, con un gesto ausente de cariño, y salió corriendo sin mirar atrás, sin ni siquiera llevarse un último recuerdo de la que había sido su casa durante casi tres décadas. El afecto no era un rasgo que lo caracterizara.
    Ansioso por salir de la hacienda familiar cuanto antes, montó su caballo sin reparar en las palabras de advertencia de su esclavo, alejándose a todo galope en la dirección marcada como su nuevo destino.
    No se detuvo en todo el día, hasta que la caída del sol y el agotamiento de su montura le obligaron a detener su avance y a buscar un lugar para acampar. Odiaba dormir a la intemperie. Era un hombre de lujosas costumbres. Pero su última villanía le imponía ser cauto y huir de posadas o lugares concurridos. Dada su posición, no temía a una justicia que era fácil de comprar, pero era mejor no correr riesgos.
    Tras atar a su fiel caballo en un árbol para que pudiera descansar y pastar tranquilamente, Jonas buscó algo de leña y se dispuso a encender un fuego. Hacía frío y, al menos, intentaría calentarse un poco, mientras cenaba alguna de las provisiones que llevaba en las alforjas de cuero.
    Ensimismado en sus pensamientos y sin ningún remordimiento en su podrida alma por lo que había hecho, no se percató de que unos ojos lo escudriñaban en silencio entre unos matorrales cercanos, aguardando un momento propicio.
  El tiempo pasó lentamente, mientras Jonas observaba el fuego y masticaba con desgana su insípida cena de viaje. Pensaba divertirse mucho en Luisiana y continuaría, por supuesto, dándole rienda suelta a sus perversiones. De eso estaba firmemente convencido. Concebía el mundo como su propio jardín privado, en el que él podía hacer y deshacer a su antojo. La fortuna le sonreía desde la cuna y era un hombre de apasionados deseos, que necesitaba sofocar con urgencia y sin el menor escrúpulo.
   Cuando terminó de comer extendió sus mantas sobre el suelo y maldijo, intensamente, por la mala noche que iba a pasar, tirado como un vulgar perro, añorando la comodidad de su enorme lecho de plumas. Se acercó todo lo que pudo al fuego, para intentar mitigar el frío y se dispuso a dormir, o al menos a intentarlo. Con las primeras luces del alba continuaría su largo viaje.
  El cansancio lo venció finalmente y unos fuertes ronquidos rompieron la quietud de la noche. Fue la señal que aprovecharon unos ojos acechantes para salir con cuidado de su escondite y para acercarse sigilosamente a Jonas, amparado por las sombras. No iba a desaprovechar esa oportunidad. Ya no.
    Una imponente figura se detuvo junto al hombre dormido y lo miró con desprecio. Sacó un afilado cuchillo de su cinto y agachándose con rapidez, lo colocó en la garganta de Jonas, mientras tapaba con fuerza su boca.
    Jonas se despertó sobresaltado y por primera vez en su vida sintió miedo. Una horrible sensación de pánico se apoderó de él y trató de zafarse de su agresor, al reconocer el odio en los ojos que lo miraban y al sentir el cuchillo arañando ya la piel de su cuello.
    Pero una fuerza colérica lo mantenía apresado entre las mantas y hundido en el suelo, sin apenas poder moverse. Negros pensamientos empezaron a poblar la mente de Jonas y la desesperación lo fue consumiendo por dentro, dejándole un amargo sabor metálico en los labios.
    — Tus fechorías acaban aquí. Por fin pagarás por todos tus pecados. Estás a punto de arder en el infierno para toda la eternidad. Me cobro tu vida en pago por las muchas que tú segaste, impunemente. Ya no harás más daño. Ya no provocarás más lágrimas. No volverás a ver la luz del sol. El demonio castigará tu alma. Por fin se hará justicia.
    Y con estas gélidas palabras el hombre clavó el cuchillo en la garganta de Jonas, sin dejar de tapar su boca y sintiendo cómo la sangre ya manchaba sus manos. Lo vio apagarse sin remedio, mirándolo fijamente, mientras la vida se le escapaba a borbollones a través de la gran herida del cuello.
    Cuando, al fin, la muerte hizo acto de presencia junto al fuego, se encontró un cadáver tirado en el suelo, bañado por un enorme charco de sangre y a un hombre que se levantaba penosamente, limpiando su cuchillo con un viejo pañuelo que sacó de su bolsillo.
    Con lágrimas en los ojos y con un cansancio infinito golpeando cada centímetro de su cuerpo, el hombre comenzó a caminar, pensando en el futuro incierto que tenía por delante, buscando una posible salida para el atolladero en el que se encontraba.
    Por el momento tenía que escapar de allí, lo más rápido que pudiera y lo más lejos que el caballo que había robado pudiera llevarlo, antes de que tuviera que abandonarlo a su suerte.
    Las sombras se tragaron su silueta, que se perdió en la oscuridad de la noche. Empezaba a ser consciente de que había matado a un hombre, algo que iba contra sus más íntimos principios como ser humano, pero la venganza había llamado a su puerta, y Josiah no había tenido más remedio que abrirla y dejarla que tomara las riendas de la situación.
    Su familia, al menos, podría descansar ya en paz. El asesino había sido llamado a la justicia. Su justicia. La justicia de los desamparados. Y con esa certeza volando alrededor de un galope desenfrenado, Josiah atravesó las tinieblas, rumbo a lo desconocido.

FIN

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Les comparto este maravilloso relato en colaboración con mi amigo y colega Ramón Martínez (IG @ramonmm78 ). Sin duda un hombre de letras y con el talento requerido para deleitarnos con sus historias.

Debo admitir que cuando Ramón me invitó a escribir un relato a cuatro manos, lo pensé bastante, pues sabía el compromiso que adquiriría con él, un escritor de renombre que hasta la fecha suma una obra inspiradora y de gran éxito, así como decenas de relatos en la web.

No dudo que Ramón tiene todo un camino exitoso por delante, y espero de corazón volver a colaborar con él. Espero de igual manera que esta breve historia les haya gustado y por lo tanto, su tiempo de lectura bien compensado.

Les recomiendo el libro de Ramón, Magia, que podrán adquirir directamente en Amazon. Y descubrir la historia de amor y superación de David y Blanca, así como frases iconicas como: "Mi lugar favorito en el mundo eres tú".

Hasta la próxima semana estimados amigos y lectores. :)

Disfruta de estos escritos también :)


Waiting For Love
Un hermoso fragmento inspirado en la experiencia de amor de una de mis lectoras. Un amor que a sus 68′ saborea la candidez de los 15′.

Una Gota
Es un poema que busca que el lector crea en ese amor que disfruta de las cosas sencillas y cotidianas pero no por ello memorables. Un amor entrañable, lleno de momentos y sonrisas. Un amor con fuego, que incluso cuando ya no estén, seguirán perteneciéndose.
Mis escritos existen gracias al apoyo de mis amigos en Facebook e Instagram a los cuales les aprecio mucho por todo su cariño y apoyo.



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Copyright © Gabriel Velásquez - Todos los derechos reservados.

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